Tuesday, May 16, 2006

Lo que los hombres llaman amor


"La única manera de sobrevivir cuando estás realmente enamorado es disimularlo ante la mujer a la que amas, fingir en cualquier circunstancia un ligero desapego. ¡Qué tristeza en esta simple constatación! ¡Qué acusación contra el hombre!... Sin embargo nunca se me había ocurrido poner en duda es ley, ni pensar en sustraerme a ella; el amor te vuelve débil, y el más débil de los dos acaba oprimido, torturado y finalmente muerto a manos del otro, que por su parte oprime, tortura y mata sin intención de hacer daño, sin sentir placer alguno por ello, con una total indiferencia; eso es lo que los hombres, por regla general, llaman amor.

Durante los dos primeros días pasé por intensos momentos de vacilación por culpa del teléfono. Paseaba por las habitaciones encendiendo un cigarrillo tras otro, de vez en cuando caminaba hasta el mar, luego regresaba y me daba cuenta de que no había visto el mar, que habría sido incapaz de confirmar, en ese instante, que el mar estaba allí; durante esos paseos me obligaba a separarme del teléfono, a dejarlo encima de la mesilla de noche, y en cualquier caso solía obligarme a arespetar un intervalo de dos horas antes de volver a encenderlo y comprobar, una vez más, que no me había dejado un mensaje.

La mañana del tercer día decidí dejar el teléfono encendido todo el rato e intentar olvidar que estaba esperando a que sonara; en mitad de la noche, al tomarme el quinto comprimido contra el insomnio y la ansiedad, me di cuenta de que aquello no servía de nada, y empecé a resignarme al hecho de que Esther era la más fuerte, de que yo ya no tenía el menor control sobre mi propia vida".

La posibilidad de una isla. Michel Houllebecq.

El protagonista es un hombre de casi cincuenta años que no cree en nada hasta que se enamora otra vez, de una chica de 22, y empieza, a pesar suyo, a ser feliz. Y a estar pendiente de los mensajes del móvil...

Monday, May 15, 2006

El cielo abierto


Estaba en El Retiro leyendo, sola. Hacía sol y había mucha gente. Un chico se me ha acercado para venderme sus poesías. Las había imprimido en hojas de colores que servían como señal para libros. Sólo sé que se llama Claudio. Me ha parecido tan valiente que se acerque a desconocidos para venderle lo que siente que he acabado comprándole una, de su "selección" (tenía más, pero me ha enseñado sus preferidas). Las poesías no eran maravillosísimas, pero ésta me ha gustado porque tiene un poquito de razón. Y porque, a lo mejor, de tanto leerlo me lo acabo creyendo y le hago caso.

"Hay que buscar nuevos rumbos
dejar el paso cansino
dejar de ser errabundo
mitigar la intrascendencia
hasta encontrar
el cielo abierto que ilumine nuestro semblante...
Hay que vencer la soñolencia
de nuestros ojos...
Hay que darle vigor
a nuestras cansadas retinas
e impedir que se cierren definitivamente"

Saturday, May 13, 2006

Somos como...


... palabras dichas al oído de nadie...